La ley de lenguas: el tiro de gracia para las lenguas de Aragón

28/06/2012

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El gobierno aragonés del PP-PAR ha hecho público lo que ya se sabía desde hacía días. Como no podía estar de otra manera, el gobierno que trata Aragón como si de un pequeño apéndice de la España eterna se tratara, ha asumido los posicionamientos de la ultraderecha cavernícola lingüística y, en la misma medida que los “blavers” valencianos, han resuelto negar la mayor. Ni el aragonés ni el catalán existen como tales. En Aragón tenemos el record de lenguas habladas por metro cuadrado, ya no somos trilingües, somos multilingües, aunque no sabemos con seguridad cuantas lenguas se hablan. Los que nos sacarán de la duda serán… Los ayuntamientos. Esmos esperando también que en los pueblos que se habla castellano, sus ayuntamientos decidan qué lengua es. Porque si estamos en la labor de defender las variedades y dialectos, por supuesto que el castellano de Aragón es una.

Lo más gracioso de todo, si es que esto puede considerarse, es que quien hizo la presentación por parte del gobierno autonómico fue Dolores Serrat (catalana y catalanofona de Ripoll) y Javier Callizo (nacido en Echo, uno de los pocos pueblos donde todavía se conserva esta pequeña lengua llamada aragonés). Javier Callizo, sí, el mismo que allá por 2001 guardaba en los cajones un ante-proyecto de ley que reconocía la oficialidad de las tres lenguas de Aragón: aragonés, catalán y castellano. Claro, de cuando gobernaba con el PSOE.

Pero el problema no son los cambios que propone este gobierno de derecha radical. El problema de las lenguas de Aragón viene de mucho antes, esto sólo es el tiro de gracia que les quieren dar para que desaparezcan definitivamente. Porque no hace falta engañarse, para los gobernantes de Aragón, los que son y los que han sido, sería mucho mejor si aragonés y catalán no existieran.

Desde que en 1982 se aprobó el primer Estatuto de Autonomía de Aragón, no se ha hecho nada por reconocer lo que es normal en cualquier otro extremo del Estado español y lo que dice el artículo número 2 de los Derechos Humanos, que ningún ser humano puede ser discriminado por razón de su lengua. Ni aragonés ni catalán son lenguas oficiales en nuestro país, o sea, el mínimo que puede esperar una lengua para poder diseñar el futuro con dignidad y intentar salvarse.

Lo que no pasaba en Galiza, Catalunya, Euskadi, Nafarroa, Ses Illes Baleares, País Valencià… Pasaba en Aragón. Las lenguas propias del país eran en todos esos lugares reconocidas y oficiales, en todos los lugares a excepción de Aragón. Incluso en Asturies, donde el asturiano no es oficial, ha contado con mucho más apoyo por parte de los organismos públicos, e incluso por partidos políticos como IU que en Aragón no se distinguen por la defensa de las lenguas, algo que se ha notado en todos los aspectos de la vida de ese país.

Pero en Aragón, con gobiernos del PSOE (1983-87), PAR-PP (1987-91, 1991-93), PSOE con el apoyo de IU (1993-95), PP-PAR (1995-99) y PSOE-PAR (1999-2011) nadie hizo casi nada.

Ni si quiera se desarrolló la Ley de Lenguas cuando una comisión de Política Lingüística de las Cortes de Aragón hizo un gran estudio sobre la cuestión. Entonces, en 1997, sin ningún voto en contra, las Cortes aragonesas aprobaron un texto que dejaba claro, en uno de sus primeros puntos, que aragonés y catalán tenían que ser lenguas oficiales.

El primer gobierno del PSOE-PAR en 1999 ya se ponía como meta desarrollar una Ley de Lenguas que al final se aprobó en la tercera legislatura y contó con el voto cómplice de CHA, porque el PAR se salió, ya abducido por las tesis de la FACAO. Esta ley, que llegaba tarde y mal, no reconocía la oficialidad y se quedaba muy corta. Era una ley temerosa y cobarde, que se quiso vender como el “mal menor” y que además, se aprobó cuando ya se sabía que muy probablemente, no se fuera a desarrollar. Para más “inri”, el gobierno de entonces ya se encargó de que no se desarrollara, mientras que los “artistas invitados” de CHA se imaginaban en secreto poderla aplicar desde el gobierno, para contentar sus propias apuestas dentro del movimiento lingüístico.

Un movimiento lingüístico que, en el caso de catalán, había sabido unirse y hacer causa común, pero que tenía en las comarcas orientales un problema creciente: la presencia de la FACAO, los “blavers” anticatalanistas aragoneses, siempre preparados para mezclar cuestiones políticas con cuestiones lingüísticas, arropados por sectores de la ultraderecha local, entre ellos, gente del PP y del PAR.

Un movimiento lingüístico que, en el caso del aragonés, se debatía en problemas internos derivados por el inmovilismo representado por el Consello de la Fabla Aragonesa, muy superado por una realidad que había demostrado que el aragonés no podía ser un antojo personal de nadie, A Sociedad de Lingüística Aragonesa en un primer momento y Chuntos por l’Aragonés (el Segundo Congreso de l’Aragonés y la creación de la Academia de l’Aragonés) después, vendrían a certificar esta situación.

Así que hoy, en 2012, el PP-PAR, en una decisión que es el hazmerreir del mundo científico, decide quitarle el nombre a las lenguas propias de Aragón. Ahora muchos se extrañan y sobresaltan, sin darse cuenta (igual es que no interesa) de que el mal ya está hecho, desde hace más de 30 años.

Lejos de reclamar la derogación de los cambios propuestos por el gobierno de Rudi, que puede ser que ahora este pensando, siguiendo esta línea tan original, en ser el primer gobierno occidental en reinstaurar el creacionismo en las aulas, creemos que hace falta ir más allá. El aragonés y el catalán tienen que ser irrenunciablemente, lenguas oficiales de Aragón, como punto de partida para su normalización social y reparación histórica. Hoy ni siquiera eso puede garantizar la pervivencia de las dos, pero sin ese cimiento, sin ese mínimo, considerar la posibilidad misma de que estas dos lenguas puedan continuar existiendo es una utopía. Sobre todo el aragonés, que está cada día más en las últimas.

Además, con este tipo de actos, el gobierno aragonés anda en la dirección contraria a la que, supuestamente, se propone en el Aragón oriental. La vertebración de nuestro país se tiene que hacer desde una visión multipolar, atendiendo a sus riquezas y variedades. Aragón no se puede construir negando sus realidades. Porque, una vez más, el Aragón catalanófona siente como el resto del país le da la espalda y le echa fuera, le niega la existencia. Así lo único que consigue el gobierno es que cada vez haya más gente que no se considere aragonesa en los pueblos donde todavía se habla catalán. Por otro lado la situación del mundo rural en el Pirineo la tienen controlada, y a excepción de alguna honrosa excepción, el mundo cultural está bajo mínimos y a menudo siguiendo el camino de una Iglesia muy politizada, con el que el único hecho de pensar si lo que allí hablan es aragonés o mal hablar, si esa lengua se puede escribir con unas reglas o no, es toda una utopía. Pero claro, a la derecha española afincada en Aragón le da igual como sea la vertebración de este país. Mejor si lo pueden hacer desaparecer y convertir en una tranquilita provincia donde sólo se canten jotas y se hable en perfecto español.]]>

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