
Puyalón de Cuchas llama a recuperar el carácter unitario, político y cultural del Día de Aragón.
Ante la proximidad del 23 de abril, desde distintos ámbitos se están difundiendo convocatorias para conmemorar el Día de Aragón. Estas iniciativas proceden mayoritariamente de espacios institucionales y culturales, con una presencia social cada vez más limitada. Esta tendencia no es nueva y resulta especialmente significativa a la luz de precedentes recientes.
Todavía permanece en la memoria colectiva la celebración institucional de 2022, con el denominado Lambanato al frente del Gobierno de Aragón, cuando en el acto oficial celebrado en la Aljafería las personas asistentes tuvieron que escuchar el himno de España, con la presencia y el aval de todas las formaciones que sustentaban aquel Ejecutivo. Un hecho que simbolizó, para amplios sectores sociales, un proceso de normalización de discursos ajenos a la identidad política, cultural y social de Aragón.
Sin perjuicio de un debate más amplio sobre si el 23 de abril debería constituirse formalmente como una jornada de movilización y reivindicación de derechos —cuestión que el aragonesismo histórico ha situado tradicionalmente en el 20 de diciembre—. Resulta innegable que San Jorge posee un significado político profundo. Desde los siglos XII y XIII, San Jorge es patrón del Reino de Aragón y encarna valores centrales como la justicia, el pacto, las libertades y el derecho propio aragonés. Por ello, el 23 de abril puede y debe ser una jornada de reivindicación institucional, cultural y social.
A este simbolismo se suma el hecho casual de que el 23 de abril coincida con la fecha del fallecimiento de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega, así como con el Día de los Comuneros y fiesta en Castilla. No obstante, esta coincidencia histórica no explica por sí sola la centralidad de esta fecha en el calendario cultural español, especialmente desde que en 1995 la UNESCO declarara oficialmente el 23 de abril como Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, proceso en el que de nuevo casualmente el Estado español tuvo un papel destacado. Misma casualidad por la que a las zaragozanas arrebataron la popularidad de unas fiestas como Pilares, para hacerla coincidir con la Hispanidad y un descubrimiento como el de Colón que nada tuvo que ver con la ciudad.

Durante los primeros años del siglo XXI, el 23 de abril adquirió en Aragón un claro carácter reivindicativo. Bajo la presidencia de Marcelino Iglesias, esta fecha se convirtió en un eje central de las movilizaciones contra el Trasvase del Ebro. Manifestaciones multitudinarias, conciertos y actividades culturales a lo largo de toda la jornada dotaron al Día de Aragón de un significado político y popular singular. Hubo años en los que las actividades se extendían desde el Paseo Independencia hasta la Plaza del Pilar, incluyendo conciertos emblemáticos como el de Amaral en 2002, en plena contestación social al proyecto trasvasista.
Sin embargo, con el paso del tiempo este carácter reivindicativo se ha ido diluyendo. Los colectivos sociales, y especialmente los vinculados al aragonesismo de izquierdas, han mantenido una presencia irregular, condicionada por la coyuntura política y por el progresivo vaciamiento institucional de la fecha. Se han producido intentos de trasladar la celebración a espacios populares como el Parque Tío Jorge, sin continuidad ni respaldo suficiente.
Paralelamente, las instituciones han contribuido activamente a esta pérdida de relevancia. Desde la llegada de Javier Lambán al Ejecutivo autonómico y, de manera aún más evidente, durante los últimos años bajo los gobiernos del Partido Popular con Jorge Azcón, el 23 de abril ha sido conscientemente minimizado. La normalización del himno de España en el acto central y la proliferación de discursos asimiladores y desarraigados de la realidad nacional aragonesa constituyen un claro ejemplo de esta deriva.
Ante esta situación, Puyalón de Cuchas hace un llamamiento público a recuperar un auténtico 23 d’abril reivindicativo, construido desde la unidad del aragonesismo de izquierdas y desde una perspectiva de clase. Un Día de Aragón en el que la izquierda aragonesista se exprese de manera conjunta, firme y sin fisuras en defensa de los derechos sociales, laborales, culturales y políticos de la clase trabajadora aragonesa, así como de las libertades colectivas y del autogobierno de Aragón.